En una edición marcada por boicots, protestas y vigilancia reforzada, un café de Viena terminó convertido en punto de encuentro para simpatizantes de Israel durante el Festival de Eurovisión. MQ Kantine, ubicado en el barrio de los museos, abrió sus puertas luego de que Israel quedara fuera inicialmente de la lista de “Eurofan Cafes”, espacios habilitados para promover comida y música de los países participantes.
El local adaptó su menú con falafel, bagels con salmón y vino kosher, mientras pequeñas banderas israelíes cuelgan del techo. La escena, sin embargo, está lejos de ser una postal habitual del certamen: un policía permanece afuera de la entrada y voluntarios vigilan posibles incidentes. Para quienes se reúnen ahí, el sitio representa un gesto de respaldo en medio de una competencia que dejó de ser solo musical.
La presencia de Israel en Eurovisión volvió a encender el debate por la guerra en Gaza. Cinco países —Islandia, Irlanda, Países Bajos, Eslovenia y España— se retiraron de la edición 2026 tras la decisión de permitir la participación israelí. Paralelamente, grupos propalestinos preparan conciertos alternativos y una marcha antes de la final del sábado.
Israel participa en Eurovisión desde hace más de cinco décadas y ha ganado cuatro veces, pero su presencia enfrenta cuestionamientos desde la ofensiva en Gaza, iniciada tras el ataque encabezado por Hamas el 7 de octubre de 2023. De acuerdo con el Ministerio de Salud de Gaza, más de 73 mil palestinos han muerto desde el inicio de la guerra. Israel sostiene que su campaña responde a ese ataque, mientras expertos vinculados a organismos de Naciones Unidas han señalado que la ofensiva equivale a genocidio, acusación que el gobierno israelí rechaza.
Dentro de la sede principal, la Wiener Stadthalle, el ambiente conserva el tono festivo, aunque el ingreso ocurre entre filtros, escáneres y restricciones para portar bolsas. En las calles, la presencia de policías armados recuerda que Viena llega al evento con alertas de seguridad elevadas.
El cantante israelí Noam Bettan avanzó a la final entre aplausos y algunos gritos aislados. Cuatro personas fueron retiradas del público por conducta disruptiva. Así, MQ Kantine funciona como una pequeña síntesis de esta edición: un lugar de convivencia, resguardo y debate, donde la música convive con las heridas políticas que atraviesan a Europa.